Depredador y presa: ¿el origen del sexo?

20121211-215121.jpgDespués de que un planeta del tamaño de Marte chocara contra el nuestro y penetrara su superficie, escupiendo un penacho de deyecciones fundidas que se congelarían en la Luna, la madre Tierra permaneció en forma de una bola de lava que se fue enfriando a lo largo de cien millones de años.

Fue esta fantástica violencia la que, irónicamente, creó la mano que meció la cuna de la vida. Hace cuatro mil millones de años, cuando la hija lunar de la Tierra giraba en una órbita baja, los primero20121211-215619.jpgs océanos eran agitados por sus tremendas mareas. Cuatrocientos millones de años más tarde, la Tierra y la Luna serían bombardeadas por otra oleada de impactos masivos mientras nuestro bisoño sistema solar continuaba diseñando sus caprichos en el mecanismo de relojería que observamos hoy.

Macerada a fuego lento¡apareció la vida!

Durante esta era increíblemente violenta conocida como era arqueozoica, las primeras moléculas autorreplicantes se combinaron en los océanos de nuestro planeta. Esas moléculas se pueden recrear fácilmente en nuestros laboratorios empleando los mismos ingredientes inorgánicos y fuerzas que bombardearon los mares primitivos de la Tierra. Durante los mil millones de años siguientes, la acumulación de errores de replicación en estas células creó el ARN, ¡que no sólo se replicó a sí mismo, sino que catalizó reacciones químicas como si de un metabolismo primitivo se tratara!

20121211-220750.jpgLos errores de replicación del ARN llevaron a la evolución del ADN, una molécula más estable que el ARN que podía copiarse a sí misma de un modo más exacto y fabricar ARN.

De esta máquina molecular autorreplicante surgió la primera forma de vida como una simple organización de reacciones químicas. Las primeras y toscas bacterias utilizaban metano, azufre, cobre, luz solar y posiblemente incluso energía térmica que surgía de las oscuras profundidades del océano para alimentar esos procesos metabólicos.

Los primeros organismos primitivos chocaban y, a veces, se consumían unos a otros, mezclando su material genético. Un porcentaje mínimo de estas combinaciones proporcionó ventajas a los híbridos resultantes.

20121211-221113.jpgSi se combinan las mareas extremas causadas por la acción de la cercana Luna, que aún sigue en caída libre alrededor de nuestro planeta, con el bombardeo constante de radiación ultravioleta procedente del Sol, y luego revolvemos y cocinamos la sopa primigenia durante mil quinientos millones de años, obtenemos la innovación más importante en la historia de la vida.

20121211-222253.jpgSí, amigos míos, parece una célula espermática, pero en realidad se trata de un protozoo provisto de cola llamado Euglena viridis. Es un animal unipersonal, una especie única, un organismo unicelular que guarda un notable parecido con el espermatozoide. El océano primordial produjo las primeras criaturas con la capacidad de cazar, utilizando colas atizadoras para perseguir a otros organismos unicelulares y consumirlos. En ocasiones, estos primeros depredadores explotaban realmente los sistemas reproductivos de sus presas para facilitar su propia reproducción y, a veces, su presa se perpetuaba a sí misma secuestrando los genes de su atacante.

Estos primeros cazadores y sus presas dieron origen a una nueva y mutuamente beneficiosa relación que llamamos «sexo». Cuando ciertas células comenzaron a especializarse para consumir a otras células o penetrar en ellas para reproducirse, otras distintas se especializaron en alojar la propia reproducción, desviando de este modo la muerte y perpetuando ambas líneas de ADN. El sexo es el tratado de paz firmado entre el depredador y su presa. El vástago de su unión no sólo combinaba las propiedades de ambos, sino que llevaba hacia adelante cada organismo unicelular original, ahora modificado como espermatozoide y óvulo. El sexo comenzó al principio con organismos unicelulares. La respuesta a la ancestral pregunta, de qué fue primero, el huevo o la gallina, es el huevo… y el esperma.

Óvulo y esperma pueden ser, de hecho, el eco viviente de un momento revolucionario que se produjo hace mil quinientos millones de años en los antiguos mares de la Tierra. Precisamente, esta historia de amor original se ha repetido en una cadena continua desde 20121211-223322.jpgque comenzó el proceso de reproducción en las células eucarióticas, o sea, aquellas células que poseen en su interior núcleos encerrados en la membrana. Cuando las primeras células cazadoras desarrollaron colas para poder atrapar a sus presas, las células cazadas hicieron la paz, si queréis, absorbiendo el ADN de la célula cazadora y facilitando su reproducción, asegurando de este modo la supervivencia de la célula y convirtiendo una guerra en una sociedad.

Y, puesto que el hecho de compartir material genético llevó a una variación convergente en la morfología de sus descendientes, esta innovación aceleró la evolución de formas superiores una tras otra, asegurando la supervivencia de ambas clases de la célula original en los portadores masculinos y femeninos. La elaboración de vida multicelular que surgía de esa sociedad cada vez más acelerada lanzaría ambos organismos originales hacia medioambientes de una diversidad salvaje.

Esta proposición es validada cada vez que un espermatozoide penetra en un óvulo y produce un vástago. Toda la vida compleja puede haberse desarrollado simplemente para representar esta danza ancestral de dos especies unicelulares. De los pulpos a los seres humanos, pasando por las ballenas o los helechos, son innumerables las expresiones de vida en este planeta que escenifican esta unión unicelular original, del mismo modo que ocurría en los antiguos mares, a fin de reproducirse.

¿Por qué, entonces, unos animales tan complejos son propicios para continuar la sociedad del óvulo y el esperma? Porque, damas y caballeros, a diferencia del óvulo y el esperma, los animales pueden explotar una asombrosa variedad de condiciones y ambientes cambiantes a través de la evolución. Nosotros, animales de reproducción sexual, somos una flota asombrosamente diversificada de portadores de esperma y óvulos que llevamos los mares ancestrales con nosotros hacia fronteras medioambientales siempre nuevas.

El hecho de que los espermatozoides y el óvulo sean sólo portadores de la mitad de los cromosomas de sus vástagos podría ser un efecto ulterior de especialización a la reproducción simbiótica, o podría ser también una prueba de que el sexo comenzó con organismos separados que se combinaron y duplicaron el número de sus cromosomas, para producir portadores sexualmente diferenciados de cada célula original que sólo posee la mitad de los cromosomas.

Cuando los insectos invadieron la tierra devoraron la vida vegetal, pero las plantas consiguieron adaptarse a esa invasión. Convirtieron a los insectos en agentes de su propia reproducción ofreciéndoles néctar en las flores y semillas en los frutos. Los ejemplos son abundantes en cuanto a las relaciones entre depredador y presa que se convierten en relaciones simbióticas, incluso en relaciones reproductivas. Cada uno de nosotros es una colonia de organismos cooperativos, millones de los cuales habitan en nuestro tracto intestinal, pastorean en nuestra epidermis y devoran las bacterias que los párpados expulsan de nuestros globos oculares entre nuestras pestañas. Todas esas criaturas debieron de comenzar siendo depredadoras, pero luego se adaptaron en cooperación con nuestros cuerpos para no destruir sus propios hogares y, de hecho, ayudar a sus anfitriones a sobrevivir y prosperar. Sin esa vasta horda de criaturas que habitan dentro de nosotros, moriríamos. No podríamos haber evolucionado sin ellas, ni ellas sin nosotros.

En lugar de una guerra permanente, creo que este tratado de cooperación es el auténtico tema de la vida, la misma esencia de un ecosistema viable. En lugar de la situación sin salida de una guerra, que muchos ven que refleja el mundo natural, quizá la evolución siempre está trabajando hacia la estabilidad, los tratados de paz, el beneficio recíproco de las alianzas. Y su piedra fundamental es el tratado entre el primer depredador unicelular y su presa: el sexo. Ese tratado de paz tenía que ser establecido antes de que la incesante violencia entre depredador y presa los seleccionara a ambos para la extinción, de manera inevitable algo que probablemente sucedió en numerosas ocasiones.

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Una respuesta a Depredador y presa: ¿el origen del sexo?

  1. carmen carrero gonzalez dijo:

    Da mucho que pensar

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