La Gran conflagración

El 28 de junio de 1914 nadie creía en la inminencia de una guerra. Europa entera se preparaba para disfrutar de un verano cálido y luminoso en un ambiente de confianza económica. Existían motivos que invitaban al optimismo. En 1914, Europa se encontraba en su apogeo material, cultural y político. A lo largo de los quince años precedentes, las grandes potencias habían conseguido preservar la paz a pesar de las numerosas crisis internacionales que habían estallado durante ese período.

Winston Churchill recordaría posteriormente que aquel verano de 1914 «se caracterizó en toda Europa por una tranquilidad excepcional».

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El 28 de junio era un día muy especial para el pueblo serbio. En esa fecha se recordaba la trágica batalla de Kosovo de 1389 en la que el reino serbio había sido derrotado por los turcos, iniciando un largo período de sufrimiento bajo dominio otomano. En 1914 esa opresión estaba representada por el Imperio austrohúngaro, sucesor del Imperio otomano en los Balcanes.

guerra02Ese fatídico día fue el elegido por el heredero de la casa de Habsburgo, el archiduque Francisco Fernando, para realizar una visita a la ciudad de Sarajevo acompañado por su mujer, Sofia Chotek (embarazada de su cuarto hijo).

Para siete jóvenes serbo-bosnios, aquella visita era una provocación y ofrecía una oportunidad única para llevar a cabo un atentado contra el heredero del odiado Imperio. En Serbia se habían formado sociedades ultranacionalistas como «La Mano Negra», cuyo objetivo era conseguir con métodos terroristas la anexión de Bosnia a Serbia. Los nacionalistas serbios soñaban con reconstituir la Gran Serbia del siglo XIV, una ambición peligrosa, dado que los territorios que ansiaban pertenecían casi todos al Imperio austrohúngaro. Las conexiones de «la Mano Negra» con el Ejército y la Administración serbias eran conocidas por casi todos los miembros del Gobierno, y cuando el primer ministro serbio, Nikola Pasic, tuvo noticias indirectas de lo que se tramaba, se encontró ante un dilema de difícil solución. Más de 70 millones de personas pagarían la mala gestión de este dilema.

guerra03Gavrilo Princip realizó dos certeros disparos que alcanzaron mortalmente al archiduque y a su mujer, que se convirtieron en las tres primeras víctimas de la I guerra mundial.

Nadie en Europa se conmocionó por este vil atentando político. No había tiempo que dedicar a la muerte de un aburrido archiduque austriaco en una lejana ciudad de los Balcanes. En todas las capitales de Europa, la reacción al asesinato del heredero de la Corona austriaca fue sosegada, hasta el punto de la indiferencia.

La mayoría de los europeos no habían oído hablar del archiduque y ni siquiera podían situar la ciudad de Sarajevo en un mapa. Ninguno de los principales mandos militares ni de las principales figuras políticas europeas consideraron que el asesinato fuera un acontecimiento lo bastante relevante como para asistir al funeral o cancelar sus ansiadas vacaciones estivales.

guerra05Un mes más tarde, y de forma inesperada para los analistas políticos, el doble disparo de Sarajevo precipitaba a Europa a la más terrible de las guerras, ocasionando 13 millones de muertes, sufrimientos y convulsiones inimaginables. El conflicto provocaría en cadena la Revolución rusa, la desaparición del Imperio austrohúngaro, la Alemania imperial y el desmembramiento completo de Europa central. Sus consecuencias directas fueron el auge del nazismo en 1933, la Segunda Guerra Mundial, en definitiva, la desaparición de una forma de ser de la civilización europea y una ruptura general del mundo conocido hasta entonces. La guerra destruiría el sistema europeo que se basaba en monarquías europeas que habían adoptado medidas de representación democráticas, pero cuya legitimidad dinástica era un factor evidente de estabilidad.

El 2 de julio se conocía que los autores del atentado habían estado en contacto con los servicios secretos serbios. Los militares austriacos solicitaron que se declarase la guerra de inmediato, pero era necesario contar con la eventualidad de que Rusia no abandonase a Serbia, y por ello era fundamental conocer la posición de Alemania. El imperio Alemán, único aliado incondicional del Imperio austrohúngaro, era la única potencia que podía competir contra las dos grandes potencias coloniales del momento (Reino Unido y Francia) y disuadir a Rusia de su apoyo a los eslavos. En la desgraciada alianza del joven Imperio alemán con el ilusorio Estado austríaco (personalizada en la dubitativa figura del canciller Bethmann Hollweg), radicó el germen de la guerra mundial y también de la ruina.

guerra06Rusia, derrotada por los japoneses en 1904, había perdido la posibilidad de expandirse en el Pacífico, por lo que se volvió hacia los Balcanes. Contaba con el apoyo de los «eslavos del sur» para destruir el Imperio otomano, apoderarse de los estrechos y obtener una salida al Mediterráneo para su flota del mar Negro. Sin embargo, Rusia se enfrentaba en la zona a dos rivales considerables: políticamente, al Imperio austro-húngaro, y económicamente, al Imperio alemán. En 1878, y posteriormente en 1908, Rusia se vio obligada a reconocer la soberanía de Austria sobre los antiguos territorios turcos de Bosnia-Herzegovina.

Si Austria se hubiese lanzado a la acción sin retraso y sin buscar la ayuda alemana, es muy posible que los serbios se hubiesen encontrado aislados. Fue la tardanza en la actuación austriaca la que transformó una crisis local en una europea, pues sus planes dependían de una reacción lenta y no coordinada por parte de sus enemigos. La guerra tenía que esperar en cualquier caso, muchos soldados austrohúngaros se encontraban de permiso debido a la cosecha y no regresarían a sus cuarteles hasta el día 15 de julio.

guerra07El 23 de julio, Austria enviaba a Serbia una lista de demandas inaceptables pues, entre otras cosas, solicitaba que oficiales austriacos investigasen la conexión de los servicios secretos serbios con el atentado. Se daba a Serbia cuarenta y ocho horas para responder.

En un primer momento, los serbios se mostraron dispuestos a aceptar todos los puntos del ultimátum. Sin embargo, el apoyo ruso hizo cambiar de parecer al Gobierno serbio. La respuesta final serbia fue una obra maestra diplomática. Al aceptar gran parte de las demandas, los serbios mostraban a sus adversarios como poco razonables, en particular si Austria-Hungría decidía recurrir a la fuerza para obtenerlas. El Gobierno serbio aceptó con matices casi todos los puntos del ultimátum, salvo el referente a la intervención de fuerzas austriacas en la investigación, lo que habría supuesto renunciar de hecho a su soberanía. Según las autoridades serbias, «aceptar tal demanda sería una violación de la Constitución y del procedimiento penal»

Austria ordenó la movilización parcial contra Serbia el 28 de julio, convencida de que la postura alemana detendría la respuesta rusa. Alemania, por su parte, no quería precipitaciones que pudiesen hacerla aparecer como agresora, pues confiaba en conservar la neutralidad inglesa.

La maquinaria bélica se puso en marcha. Serbia movilizó a su ejército, Rusia llamó a los reservistas. Rusia comunicó a Austria su deseo de entablar conversaciones que esta rechazó dado que Rusia no paralizaba antes su movilización. Gran Bretaña comunicó a Alemania que aceptaría la ocupación austriaca de Belgrado y solicitó que se celebrase un congreso europeo para zanjar el tema, cuestión a la que Alemania se negó. Rusia decretó la movilización general el 31 de julio. A Alemania no le quedaba más remedio que hacer lo mismo si quería tener posibilidades de lograr la victoria derrotando a Francia en primer lugar, para enfrentarse luego a Rusia. En función de las alianzas militares, el 1 de agosto, Alemania le declaró la guerra a Rusia, al considerar la movilización como un acto de guerra contra Austria-Hungría. Ante esto, y en virtud, de la alianza militar franco-rusa de 1894 Francia tomó algunas medidas de precaución en sus fronteras. Alemania, al conocer la agitación que reinaba en Francia a causa del inesperado ataque contra Serbia y la movilización rusa le declaró la guerra a Francia el 3 de agosto.

La alianza franco-rusa obligaba a los alemanes a enfrentarse a las fuerzas francesas y rusas si se tenían que enfrentar con cualquiera de las dos naciones. En consecuencia, los alemanes creían poder derrotar a Francia antes de que Rusia se movilizase. El Estado Mayor alemán estimaba que tanto Francia como Alemania necesitarían dos semanas para llevar a cabo una movilización completa, pero consideraba que Rusia tardaría seis semanas en movilizarse debido a sus deficientes comunicaciones.

A la vista del cariz que adoptaban los acontecimientos, el canciller Bethmann Hollweg le propuso al káiser (Guillermo II) su renuncia. «No», le contestó, «tú has cocinado esta bazofia, ahora te la vas a comer».

Una cadena fatal de acontecimientos y de malas decisiones, cada una de las cuales no pretendía en sí la guerra, o al menos su generalización, dio lugar a la mayor tragedia vivida por el mundo hasta entonces. Aunque hoy nos resulte irónico después de lo sucedido en la ex Yugoslavia, la primera causa directa de la guerra radicó en el hecho de que los bosnios querían pertenecer al proyecto de la Gran Serbia.

guerra04¿Qué país fue el culpable? Aunque no existe consenso sobre el tema, hoy resulta posible concluir que todos tuvieron parte de culpa. Alemania por el «cheque en blanco» a Austria-Hungría, los rusos por su movilización en ayuda del Gobierno serbio, cuya complicidad en el asesinato de Sarajevo resultaba bastante evidente. Los británicos porque perdieron una oportunidad única de enviar a Alemania un mensaje que aclarara que no permanecerían cruzados de brazos mientras Alemania atacaba a Francia. Francia, que fue tal vez la menos culpable, por su insistencia en que los rusos se movilizaran cuanto antes.

La guerra fue un fracaso general de la disuasión, ya que Alemania fracasó en disuadir a Austria-Hungría y Gran Bretaña a Alemania. Al final, tal como había pronosticado el canciller Otto von Bismarck, la guerra había comenzado «por una estupidez en los Balcanes». Es posible que una posición más firme por parte de Gran Bretaña hubiese tenido un efecto disuasivo en vistas de las dudas del káiser y de Bethmann Hollweg.

Una breve historia de la I Guerra Mundial.

La Gran conflagración

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