El egiptólogo británico Sir William Matthew Flinders Petrie fue un pionero en la utilización de un método sistemático en el estudio arqueológico. En 1880 visitó Egipto buscando en las dimensiones de la «Gran Pirámida» una verdad divina desconocida hasta el momento, inspirado por el astrónomo escocés Charles Piazzi Smyth.
Pronto desechó estas fantasías, sin embargo logró realizar el estudio más detallado conocido hasta el momento sobre las dimensiones de la «Gran Pirámida«. Una de las peculiaridades que observó fue que la sección horizontal de la pirámide tiene forma octogonal (de estrella de cuatro puntas) en vez de forma cuadrada. Cada una de las cuatro caras está compuesta por dos planos, con una ligera pendiente hacia el centro. Esta pendiente es difícilmente apreciable a simple vista por la ausencia casi total del revestimiento que antaño cubría el monumento (pues solamente se han conservado algunos bloques de piedra caliza, procedentes de las canteras de Tura, en la primera hilada de la cara septentrional).
Esta característica y su orientación hacia el Norte geográfico genera en las caras norte y sur un fenómeno de proyección de sombras durante los equinoccios: hacia el amanecer, durante unos minutos, la mitad oeste de las caras norte y sur es iluminada por los rayos del Sol, mientras la mitad este permanece en sombras; hacia el ocaso ocurre al contrario, quedando iluminada la mitad este de las caras norte y sur, mientras la mitad oeste queda en sombras. Es el denominado efecto relámpago, ya que en el momento de iluminarse una de las «semicaras» se produce una especie de «flash».
¿Fue un fallo en su construcción o un efecto buscado a propósito?, unos piensan que si otros que no, lo que esta claro es que solo la «Gran Pirámide» presenta esta peculiaridad de todas las que hay en la tierra de los faraones. Queda la duda de que este fenómeno se diera antes del desmantelamiento de la caliza de Tura que la cubría.
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