Una joven y apasionada pareja recién casada (¿felizmente?) decide planificar su próxima descendencia. Ella, que parecía tenerlo bastante claro, quería tener exactamente 4 vástagos. Él, un poco calzonazos, no se atrevió a llevar la contraria a su recién estrenada esposa.
Ya planificada la futura descendencia, el esposo empieza a preparar las habitaciones para esos cuatro seres queridos que en breve llegarán. Cuando estaba construyendo una casa lo suficientemente grande para sus cuatro hijos le asaltó una duda razonable:




